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lunes, 4 de junio de 2012

Bucarest (parte 3)

Los momentos previos, a mí, se me hicieron eternos. Ya estaba todo el mundo en su asiento y estábamos deseando tantísimo que acabara la inauguración de la final que nos pusimos a hacer el mosaico antes de tiempo y todo. 

Salieron los equipos y la locura fue espectacular, no había marcha atrás, el partido iba a empezar.

Dicen los entendidos que en una final los primeros minutos son de tanteo, que a los dos equipos les puede dar por no atacar y se pasen 20 minutos especulando. En Bucarest la cosa no fue así, un equipo salió a ganar y el otro a ver si ganaba. Esa fue la diferencia y sin apenas darnos cuenta, un balón largo de Diego a Falcao con su respectiva carrera, entrara al área, especulara un poco con lo que hacer y finalmente optara por pegarla donde hay que hacerlo, ni más alto ni más bajo, a la escuadra, templadita pero fuerte, una que sólo los mejores porteros del mundo puedan parar y entró. Minuto siete y el Atleti se ponía 1-0 en la final de la Europa League, ¿alguien se lo hubiera imaginado?

En la grada se unió la locura con la imagen impactante de ver ese golazo y en el minuto que era. Nos abrazamos como si hiciera años que el Atleti no marcara. ese gol, ya no nos lo quitaba nadie. Radamel ponía a Europa entera de pié y al Atleticismo al borde del éxtasis.

Afortunadamente en el espectacular video marcador del estadio pudimos ver el gol repetido unas cinco veces y cada vez alucinar más y creérnoslo más.
El partido después del gol, como todos pudisteis ver, fue otro. El Atleti hizo un partido durante siete minutos y después jugó a controlar y descontrolar el partido a su antojo, Mario Suárez, Filipe, Gabi y Godín (espectaculares) hicieron del Atleti un muro por el que sólo pudo pasar Llorente con un tiro forzado que no cogió puerta. 

Capítulo aparte, Falcao, que, quizás por televisión no se pudo apreciar del todo, pero corrió todos los balones que pasaban cerca o lejos de él, daba igual, estaba luchando como nunca, dejándose la vida. Algún día nos enteraremos que le dijo el Cholo para extra motivarlo pero era un portento físico dando todo de sí. Y en estas, en este baile de acelero-freno del Atleti, ¡Miranda! Robó un balón en la frontal, se la dió a Turan, que hasta entonces era el que más había corrido después de Falcao y puso un centro que aparentemente no era para el colombiano, pero que cazó y con una maniobra que hubiera firmado el mismísimo Maradona, pone el 2-0 en el minuto 35 de la final.

Posiblemente lo que pueda explicar de lo que se vivió en la grada ni se acercará a la realidad, nos abrazamos una vez más, convencidos de que esto no se podía escapar y en ese abrazo y en ese momento de silencio interno que uno tiene al celebrar un gol de ese calibre, recuerdo un llanto, un llanto de pasión, de alegría, de honor, de recuerdo, mi vecino de asiento posiblemente estaba recordando a su padre y todas las cosas que se debería estar perdiendo y lloraba pensando que desde ahí arriba, él no sólo lloraba por ver a sus colores ganar, sino por ver a su hijo y a su nieto abrazarse llorando y, pese a sentir no poder estar ahí, posiblemente era feliz y sabía que eso se iba a quedar con ellos toda la vida. La vida, nos pone lecciones que debemos aprender, en un momento de alegría y de éxtasis, recordar con cariño a los que se fueron, es lo más bonito que le puede a uno pasar y en aquella grada, no sé cuantos había así, pero por lo menos uno seguro.
Al volver en mí, me senté en mi asiento mientras el partido seguía, y empecé a asimilar lo vivido en poco más de media hora de partido y, como un niño, derramé varias lágrimas, no de pena, quizás tampoco de euforia máxima, sino de tranquilidad. Nunca me había imaginado ver al Atleti en tres finales europeas y no sólo lo había visto, sino que a una de ellas había asistido, quién sabe como acaba este circo futbolístico, pero en aquel momento, en aquel minuto de aquel partido, yo estaba cumpliendo un sueño.



Y así llegamos a la media parte, habiendo recapacitado de todo lo que habíamos vivido, momentos de relajarse un poco, disfrutar, comentar las jugadas y el partido y como no, llegar el buche, que era tarde y había hambre. Nuestra expedición se había llevado unos trozos de jamón envasados al vacío que supieron a gloria.

En la segunda parte yo tuve una sensación extraña. Os explico; íbamos 2-0, no habíamos pasado peligro, estábamos tranquilos, y el Athletic atacaba del otro lado, sabíamos que al Atleti lo veríamos poco atacando, más que en alguna contra, era lo que tocaba, no pasé excesivos nervios y el tiempo se me pasó rápido, creo que supimos llevarlo tan bien, que Diego dejó un recado en la portería donde queríamos ver un gol, la nuestra, la que habíamos estado escoltando todo el partido, donde habíamos estado animando como locos y donde Courtois había notado como caliente en la primera parte. 
Se vió solo atacando, arrancó, frenó, pensó, volvió a arrancar, volvió a frenar y con un pequeño regate y un tiro milimetrado, nos regalaba algo más que un gol, nos regalaba cinco minutos, más el añadido, para disfrutar, para cantar y para volvernos locos y abrazarnos como hermanos reencontrados. El "Campeones", no tardó en sonar en la grada, que se lo había ganado a pulso.
 
Aquí quiero pararme para contar lo que Diego nos regaló a ese pequeño trozo de grada en el que estábamos. Justo delante de mío, estaba un padre con su hijo, que tendría unos 7 u 8 años, no más, viviendo quizás su primera final en directo, detrás yo, con 29 estaba viviendo lo mismo, pero con la diferencia que él, es el futuro. Durante todo el partido los que allí estábamos le tocamos la cabeza de tal manera que casi más nos alegrábamos por él que por ganar, pero marcó Diego y el padre, con lágrimas en los ojos, y a pocos centímetros de mi, le dijo lo que significaba lo que estaba viviendo “esto es para ti hijo mío, esto vívelo y recuérdalo toda la vida, porque esto es por ti, porque este esfuerzo y esta alegría te la vas a quedar para ti toda la vida, te quiero hijo!” y se abrazaron, aún hoy, escribiéndolo y recordándolo, se me humedece la mirada y lo veo como si estuviera pasando en este momento, sin duda, el mejor momento de la final.

A todo eso, yo me acordé que, en la comida, con los Padín, medio nerviosos los tres, reclamando las pizzas, y hablando de fútbol, dije que ganábamos 3-0 fácil y me fuí hacia ellos con un “¡os lo dije! ¡3-0 fácil!” Nos abrazamos, sonreímos y acabamos de disfrutar de lo que quedaba para acabar.

Una vez acabado el partido, vimos a Courtois correr más de 70 metros como un loco para, de rodillas, ponerse delante nuestro a celebrarlo, mientras los demás a lo lejos, se volvían locos, con Radamel a la cabeza.

Subió el Athletic y toda la grada colchonera les ovacionó como debía de ser, habían hecho una competición espectacular y, pese que en la final las cosas no salieron bien, merecían estar ahí.

Una vez subieron los nuestros, volvió la locura cuando vinieron a ofrecernos la copa, mantearon al Cholo, vimos al Juanfran con sus hijos mientras le gritábamos que debía estar en la roja y disfrutamos de haber hecho historia, porque el Atlético de Madrid, se había convertido en el equipo europeo que más triunfos seguidos había conseguido en Europa. Ahí queda eso. Y, queda la Supercopa.

(Salida del campo y celebraciones en Madrid en, el último capítulo)

Parte 1, pincha Aquí
Parte 2, pincha Aquí

viernes, 20 de abril de 2012

La noche inolvidable

A veces, cuando uno mira a su alrededor, en su vida, y hace balance de lo conseguido y a lo que aspira, puede entrar en un estado de felicidad o de la más absoluta desolación. La vida es así de cruel, mucha gente dice que la vida es para sufrir, supongo que esa es la visión amarga de la historia. La dulce, dice que para conseguir algo, algún sueño, hay que pelearlo y no desistir hasta conseguirlo y, por mucho que el destino intente ponernos trabas, siempre habrá algún día, o algún momento que por pequeño que sea, aunque dure una milésima de segundo, se tornará en inolvidable y vivirá en nuestra cabeza para siempre.


Por eso, los que somos del Atleti, somos vividores, pero no del significado burgués de la palabra, nuestro significado es del que dice que vive la vida tal y cómo es, sin ayudas, sin excusas y que tira pa´alante con lo que venga, sabiendo que sea como sea, a la mañana siguiente, hay que volverse a levantar para afrontar otro nuevo día.


Lo de ayer fue el reflejo de lo que simboliza el ser del Atlético de Madrid, nerviosos ante una cita importante, aquéllas que toda la grada sabe que va a ser difícil de repetir, y pese a las horas, el campo se va a llenar. Europa lo merece, tropezamos en 2011 pero no íbamos a dejar que en esta edición nuestra derrota fuera un tax free para el que viniera "turismo" al Calderón. Y así fue, para sorpresa de todos, la mejor noche que ha vivido este Atlético de Madrid desde, a mi entender, aquélla locura de partido de copa contra el Recre, dónde todo empezó.



El que diga que 5 minutos antes no estaba nervioso, miente, porque, pese a que hace dos años aquél Valencia de Zigic (El increíble Hulk) era bastante más peligroso que el de esta temporada y pese a que aquél Atleti, tenía una de las mejores plantillas que se recuerdan, la cosa no anda muy fina por ninguna de las dos ciudades y, se supone, que este Valencia es el tercer mejor equipo de España a día de hoy, o por sus propios méritos o por deméritos de los demás, pero ahí está, que no es poco. Decían que venían con ganas de vengarse de aquélla noche en que Juanito estuvo a punto de liarla parda, si era así, no lo demostraron, porque el que diga que pasados 5 minutos del inicio del partido, seguía nervioso, miente también.

Porque el equipo superó desde el inicio en casi todas las líneas al Valencia, y digo casi todas porque por arriba el Valencia era el Rey y nosotros los elefantes, por tierra no había color, bueno sí, el rojiblanco. 
Pero claro, somos el Atlético de Madrid y uno sabe cuando se monta en la montaña rusa, que va a subir, pero que también va a bajar, pero ayer, no hubo tal montaña rusa, la intensidad del equipo duró 93 minutos para luego al bajarse y mirar atrás ver que, uno salía contento de la atracción, pero algo confuso.


El partido no lo voy a resumir, porque si a día de hoy nadie sabe lo que pasó ayer es, primero, porque no le interesa el fútbol lo más mínimo o porque esta en desafío extremo en el Everest. Nunca mejor dicho, ayer el Atleti estuvo de Traca, pero de las buenas, de las valencianas. Tanto tantísimo, que el resultado de goles a favor, se nos antoja corto. 
Pero señoras y señores, cuando Arda Turán tiene días cómo los de ayer, lo mejor que le puede pasar al equipo contrario es que no le hagan mucho daño. Fué el dueño y señor del partido y ya que, sorprendentemente, aún no hemos tenido niguna portada diciendo que algún grande lo quiere, podemos decir que ayer se doctoró Cum Laude en la universidad de Madrid. Puede parecer que diciendo esto estoy desmereciendo al resto del equipo pero no es mi intención, ayer desde Mario Suárez, sublime, a Falcao, estuvieron de matrícula de honor, pero es que Arda, como se dice en la calle, es Dios.


Porque lo de Adrián clama al cielo, porque este chico es de otro planeta, sí, ese planeta en el que Arda es dios, pero que uno sin el otro no saben vivir, se buscan, se miran, se cuidan y se miman hasta el punto de ver el mejor fútbol que se ha visto en el Manzanares desde Luis Aragonés.


Lo del Tigre es otra historia, no me quiero emocionar con él, porque todos sabemos como va a acabar este cuento, un gran tipo, un delantero como pocos, el mejor en área quizás pero cuando uno, en la media parte, da la espalda al verde para mirar al palco, entiende que el 9 tiene las horas contadas, que esos 32 goles que lleva este año, una barbaridad contando que "sólo" ha jugado, liga y Europa League, son lo que esperaban GilMa y Cerezo para revenderlo al mejor postor, por eso, el golazo que metió ayer, no hizo más que alejarlo del Calderón un poco más y es una pena, porque estamos dónde estamos por él.


En definitiva, que en la vuelta, Mestalla no hará una encerrona en plena crisis deportiva valencianista. Vamos a quedarnos en el lado dulce de la historia y ver que, en Europa, sólo Udinese nos metió dos goles y no pudimos mojar ni uno, desde ese día, marcar fuera de casa ha sido una prioridad cumplida a las órdenes del Cholo.
Lo dicho, que quizás el jueves que viene nos sale la cruz de la moneda, que tenemos la peor noche que se recuerde en la historia del club y podamos ser eliminados, esperemos que no, pero lo de ayer, lo de la noche del jueves 19 de Abril de 2012, eso, ya no nos lo quita nadie y en recordar, somos especialistas.


Porque lo de ayer, ocupa una milésima parte de los recuerdos que hay en nuestra memoria, pero que va a estar ahí para siempre.